Tres en un coche

Fecha: 15/01/2011

Sunday, 24-Feb-2013 02:44:22 CET

Esto me ocurrió hace muchos, muchos años, en mi juventud. Regresábamos en coche, mi amigo Juan, su novia y yo, los tres bastante alegres por la bebida, de una discoteca que habían inaugurado recientemente a las afueras de la ciudad. Juan y su novia iban delante y yo detrás. Juan comenzó a meter mano a su novia entre las piernas, y a ella, que era más puta que las gallinas, parecía no importarle mi presencia y sólo le reprochaba a su novio que tuviese cuidado con la conducción. Después de varios intentos Juan me dijo:

– Métele mano a Rosa.

– ¡Qué! – le dije.

Rosa me miró con una sonrisa y Juan volvió a insistir.

– Que le metas mano a Rosa.

Rosa estaba muy buena y yo muy caliente, así que, con dudas, pues no terminaba de creérmelo,  le toqué las tetas por encima de la ropa y, cuando comprobé que no era una broma, metí la mano debajo de la ropa y seguí tocándole las tetas. Rosa estaba encantada con mis caricias y con las de Juan, que, de vez en cuando, metía su mano debajo de su falda. Animado por la situación, en una de las ocasiones que Juan retiró la mano, me atreví a meter la mano debajo de la falda y tocarle el coño a Rosa.

Era el primer coño que tocaba. El coño estaba como engrasado. Metí el dedo corazón todo lo dentro que pude y Rosa soltó un gritito que no supe si era de placer o de dolor. Rosa abrió más las piernas y yo comencé a mover mi dedo dentro de la raja. Rosa comenzó a jadear y puso su mano sobre la mía y comenzó a moverla de la forma que a ella le gustaba, poco después cerró con fuerza las piernas y gimió varias veces.

Yo estaba tan abstraído que no me había percatado que Juan había detenido el coche hasta que le oí decirme:

– Vamos a follarla.

Juan reclinó el asiento de Rosa y, con la dificultad propia de un sitio tan estrecho le quitó las bragas a su novia, se bajó los pantalones, y se la metió. El polvo no duró más de dos minutos y cuando terminó me dijo que la follase yo. Mi polvo duró menos de un minuto pero todavía recuerdo la sensación que sentí al meterla en aquel coño caliente y engrasado.

Mi mujer con un negro

Fecha: 21/10/2012

Thursday, 28-Mar-2013 04:17:54 CET

La historia comenzó un año antes: estábamos pasando unos días en la playa, solos, porque nuestros hijos estaban en un curso de idiomas en el extranjero, y, como el calor y las vacaciones propician el sexo, una noche, mientras nos acariciábamos en la cama, poco antes de hacer el amor, le pregunté a mi mujer, cuál era su fantasía sexual. No solíamos hablar de sexo y ella se resistió y sólo accedió a decirla si yo le decía la mía antes. Le dije que mi fantasía era hacer un trío con ella y otro hombre. Ella me recordó que una de sus amigas se había separado porque se había liado con otro hombre mejor dotado que su marido. Yo le dije que se había separado porque el amante tenía más dinero que su marido y ella se rió y reconoció que su amiga no se hubiese separado si su amante fuese un muerto de hambre.

– ¿Cuál es tu fantasía? – le pregunté.

– Es que me da vergüenza…

Le recordé el trato y la animé a que me contase su fantasía, diciéndole que era una fantasía no un secreto. Ella me dijo que no tenía ningún secreto que contarme, que nunca había estado con otro hombre y después me dijo que una noche que se había quedado dormida viendo la tele, cuando despertó había visto un trozo de una película porno en la que un negro enorme con un pene "así" de grande, lo hacía con una chica rubia.

– Me impresionó, el tamaño del pene, el sexo de la chica -totalmente depilado- y, sobre todo, el contraste entre lo único que se veía de ella -sus piernas y brazos- y el cuerpo del negro encima de ella.

Nos reímos un rato y, después, echamos el mejor polvo de aquél verano.

Mi fantasía cumplida

Fecha: 28/02/2010

Sunday, 24-Feb-2013 02:44:09 CET

En las películas porno siempre me había llamado la atención los tríos HMH. Con el paso del tiempo y con la monotonía del sexo en el matrimonio se convirtió en mi fantasía sexual.

Una noche, de esas especiales, después de echar un buen polvo mi mujer y yo hablamos sobre sexo durante un rato. Yo le dije que mi fantasía era hacer un trío HMH. Ella no pareció escandalizarse. Continuamos hablando y le pregunté si a ella le gustaría. Me dijo que tendría que ser alguien que le gustase a ella y de confianza.

Continuamos hablando y cada vez estábamos más excitados. Empezamos a follar otra vez. Mientras follábamos le volví a preguntar si estaba dispuesta a hacer un trío. La respuesta me sorprendió:

– Me encantaría. —dijo mientras continuaba follándome con fuerza.

Cuando acabamos de follar, le volví a preguntar si, de verdad, le gustaría hacer un trío y me dijo:

– También es mi fantasía.

Entonces le dije que podía buscar a alguien en el chat y que después podíamos quedar con él en algún sitio para conocernos. Le pareció bien. Entonces le dije que me encargaría de todo.

Efectivamente. Al día siguiente me conecté en el chat, hice varios privados a nicks que indicaban la edad (quería alguien mas joven que nosotros, pero no mucho más) y después de un rato de chateo, en el que explicaba lo que quería me decidí por antonio27, porque era de Madrid y según me dijo ya había hecho algún trío.

Era miércoles y quedamos en vernos el viernes por la noche en un pub del centro de Madrid. Le conté a Isabel que había quedado con Antonio para el viernes. Cuando nos acostamos follamos con unas ganas especiales.

Por fin llegó el viernes. Como habíamos hecho alguna otra vez, que habíamos salido por la noche, llevamos a los niños a casa de los padres de Isabel, después regresamos a casa y nos arreglamos para salir.

Isabel se puso un vestido negro, corto que era muy sexi y le sentaba muy bien. Salimos de casa a las nueve de la noche. Cenamos en un restaurante en el centro y a las once llegamos al pub donde había quedado con Antonio. No me fue difícil reconocerlo pues en el pub todavía no había mucha gente y era el único hombre sólo.

Nos acercamos y le pregunté si era Antonio. Me dijo que sí y nos presentamos. Pedimos unas copas e iniciamos una conversación banal. Isabel estaba cómoda. Antonio le gustaba.

Después de tomarnos la copa, Antonio propuso ir a un sitio que conocía y que estaba muy animado. Estaba muy cerca y fuimos andando. Todas las mesas estaban ocupadas. Nos acercamos a la barra y Antonio dijo que pediría él para todos. No sé qué fue lo que tomamos, pero estaba muy rico, entraba muy bien y tenía mucho alcohol.

Cuando acabamos las copas Isabel le dijo a Antonio:

– ¿Nos vamos?

– Cuando queráis.

Salimos del local, y fuimos andando hasta el aparcamiento donde habíamos dejado el coche. Durante el trayecto Isabel le preguntó a Antonio por su experiencia anterior y Antonio dijo que había hecho dos tríos y que ambos habían sido muy buenas experiencias. Después yo le pregunté por sus gustos en la cama.

– Me gusta todo. -respondió.

¿Cuáles son vuestros gustos? – nos preguntó él.

– A mi también me gusta todo. Respondí yo.

– Esta noche estoy dispuesta a todo. – dijo Isabel.

Llegamos a casa. Dejamos los abrigos y yo propuse pasar a la habitación directamente.

Isabel se quitó el vestido y se quedó en ropa interior. Llevaba medias negras, bragas y sujetador negro a juego. Entonces se acercó a Antonio y comenzó a desnudarlo. Cuando el pene de Antonio quedó al descubierto, Isabel acercó su boca al pene y comenzó a chuparlo con suavidad.

Mientras observaba la escena yo me desnudé también. Después me acerqué a Isabel, le quité el sujetador y comencé a acariciarle las tetas. Isabel se levantó, retiró la ropa de la cama y se tumbó en el centro de la cama con las piernas abiertas.

– Soy toda vuestra.- dijo.

Antonio retiró las bragas de Isabel y metió su cabeza entre sus muslos. Yo estuve observando un rato y después acerqué mi polla a la boca de Isabel, que comenzó a chupármela con ganas. Poco después mi mujer nos las chupaba a los dos. Yo estaba muy excitado y me corrí en las tetas de mi mujer.

Isabel le dijo a Antonio que se la metiese ya y éste le pidió que se pusiese a cuatro patas. Isabel lo hizo y Antonio se la metió hasta el fondo. Comenzó a moverse lentamente. Yo observaba excitadísimo. Después metí mi cabeza debajo del cuerpo de Isabel y observé como la polla de Antonio entraba y salía en el coño de mi mujer.

Isabel comenzó a gemir y a pedir que le diese más fuerte, Antonio siguió a su ritmo. Yo acerqué mi boca al coño de mi mujer y con mi lengua recorría su coño y a veces la polla de Antonio. Nunca había estado tan excitado. Isabel estaba a punto de tener el orgasmo, a juzgar por el sonido de la respiración. Antonio empezó a moverse con más fuerza y rapidez. Entonces yo dejé los lametones y me quedé observando como follaban. Antonio llegó al orgasmo. Isabel se dio cuenta y le dijo que no parase. Antonio siguió hasta que Isabel llegó al orgasmo. Pude ver como el coño de mi mujer apretaba la polla de Antonio.

Se quedaron así durante un rato, jadeando los dos. Después los tres nos tumbamos en la cama con Isabel en medio.

Isabel felicitó a Antonio por el polvo y este le agradeció el cumplido y se lo devolvió diciendo que ella había estado muy bien.

Cuando Antonio se fue volví a follar a mi mujer.

Tríos

Fecha: 28/02/2010

Sunday, 22-Apr-2012 18:09:55 CEST

Todos los relatos agrupados bajo este encabezamiento se refieren a sexo entre dos hombres y una mujer o dos mujeres y un hombre.

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Visita casual a un club swinger

Fecha: 14/01/2012 Monday, 23-Apr-2012 14:29:48 CEST

Habíamos salido de copas y a bailar con una pareja amiga. Yo sólo los conocía de oír a mi mujer hablar de ellos pues eran compañeros de trabajo de mi mujer.

Estuvimos en un pub dos o tres horas bailando y cuando salíamos, bastante cargados, por cierto pasamos por delante de un club swinger que se llama Momentos y comenté:

– Este debe ser el famoso club swinger Momentos.

Lucia y mi mujer mostraron mucho interés en conocerlo.

– Es temprano todavía, podríamos entrar y tomar la última copa aquí y verlo. – dijo Lucía.

Entramos. Nos recibió una mujer que lo primero que hizo fue advertirnos que se trataba de un club swinger, después nos preguntó si habíamos estado alguna vez en uno, le dijimos que no, que sólo queríamos tomar una copa y ver el ambiente. La mujer nos dijo que estaban a tope y que tendríamos que estar en la barra pues no había mesas libres, después nos entregó unas pulseras de color amarillo y nos dijo que con esas pulseras nadie se nos acercaría y que si cambiábamos de opinión sólo teníamos que quitarnos la pulsera. Mientras nos poníamos las pulseras nos dijo que el local disponía de una sala donde, si nos animábamos, podíamos terminar. La mujer nos acercó a la barra, llamó al camarero para que nos atendiese y se despidió con educación deseando que lo pasásemos muy bien.

Las mujeres estaban más interesadas que nosotros en ver lo que ocurría en la sala y miraban desde la barra hacia el interior del local y nos comentaban escandalizadas algunas de las cosas que veían, especialmente les llamó mucho la atención una par de parejas que bailaban en la pista y las mujeres tenían el pecho y el culo al aire. Poco después mi mujer quiso que saliésemos a bailar porque querían verlo más de cerca.

Los cuatro nos dirigimos a la pequeña zona de baile y comenzamos a bailar, casi al lado de una de las parejas que se estaba metiendo mano de forma escandalosa. La pareja parecía gustarle que la mirasen pues, a pesar de que nosotros mirábamos con bastante descaro ellos continuaron a lo suyo y alguna vez que nos pillaron mirando nos sonreían. Por gastarle una broma a mi mujer comencé a meterle mano, le apreté el culo varios veces, sin ocultarme lo más mínimo, y después le desabroché un botón de la blusa y le bajé uno de los tirantes del sujetador y le acaricié el pecho. Mi mujer protestaba y volvía a poner el tirante en su sitio, pero lo hacía con poco interés y yo volvía a bajárselo. Manolo y Lucía nos veían, se reían y nos imitaban y como Lucía era menos tímida que mi mujer, le preocupaba menos las situaciones comprometidas en que la ponía su marido y varias veces conseguí verle el pecho.

La pareja a la que nos habíamos acercado para verla mejor se había fijado en nosotros y nos sonreía pero no nos decían nada.

Manolo me ofreció a su esposa para que bailase con ella, al tiempo que cogía a mi mujer. Agarré a Lucia y ella se arrimó completamente a mí, sentí el calor de su cuerpo en el mío y mi polla, se levantó ligeramente. Lucía tenía uno o dos botones de la camisa abiertos y le veía casi la mitad de las tetas. No me atrevía a tocarle las tetas aunque lo estaba deseando y supuse que ella también.

Miré por primera vez a Luisa y Manolo que se habían alejado un poco y me pareció ver, pues no había mucha luz, que Manolo le metía mano en las tetas. No podía creerlo pero un rato después volví a mirar y vi claramente la mano de Manolo en el culo de Luisa. Esto me animó a meterle mano a Lucia, primero le apreté el culo con la mano y, al ver que no se escandalizaba, le aparté el tirante del sujetador y con el mismo dedo con el que le había quitado el tirante, le acaricié la teta que se había quedado más vulnerable y le dije que tenía unas tetas preciosas. Me fui animando y procurando que Manolo y Carmen no nos viesen conseguí acariciarle la teta con toda la mano.

Mi polla estaba ya completamente dura y como suponía que aquello acabaría en nada y poco más podía hacer le dije a Lucía:

– Será mejor que volvamos a la barra.

– Como quieras. – dijo Lucia con cierto malestar.

Quise acercarme a Luisa y Manolo para que se viniesen con nosotros pero Lucía me dijo:

– Déjalos, parece que lo están pasando muy bien.

Por señas les dijimos a Luisa y manolo que los esperábamos en la barra y regresamos a la barra, pedí nuevas bebidas para Lucia y para mí y le pregunté a Lucía:

– ¿No eres celosa?

– No, los celos son para las personas inseguras, ¿y tú? – me preguntó mirándome de una manera inquietante.

– Creo que no. – le respondí.

– ¿Por qué no has querido seguir bailando? – me preguntó mirándome de la misma manera.

– Porque si hubiéramos seguido tendríamos que acabar follando.

Lucia se rió y me dijo:

– A veces es mejor hacerlo que quedarse con la fantasía.

Me acerqué más a ella, le pasé el brazo por la cintura, la acerqué a mi cuerpo y tocándole el culo le dije:

– Voy a soñar contigo mucho tiempo.

Manolo y Luisa llegaron en ese momento y nos vieron en aquella postura pero no dijeron nada. Llamé al camarero para que Luisa y Manolo pidieran su bebida y comenzamos a charlar de lo que nos parecía este tipo de locales. Luisa fue la primera en dar su opinión, decía que le producía mucho morbo mirar a otras parejas meterse mano. Manolo dijo:

– Eso es que eres voyeur. ¿Te gustaría que te mirasen a ti? y mi mujer respondió:

– No sé si me gustaría, pero no me importaría demasiado.

Lucía dijo que todos somos voyeurs, y Manolo y yo dijimos que nos gustaba mirar pero, sobre todo, actuar.

Lucía y mi mujer se fueron al baño y nos quedamos solos Manolo y yo.

– Tengo una erección tremenda. – dijo sin darse cuenta que podría malinterpretarlo.

– ¿Te ha puesto cachondo Luisa? – le pregunté.

Él intentó arreglarlo como pudo, diciendo que no, pero yo le dije que no se preocupase que yo también me había puesto muy cachondo con su mujer y que había tenido que retirarme porque si hubiese seguido tendría que haberla follado allí mismo. Manolo se rió y confesó que él también se había puesto muy cachondo con Luisa.

– Es que están muy buenas. – dijo Manolo con gracia.

– Y cachondas. Hoy tendremos que follarlas.- añadí yo y nos reímos durante un buen rato.

Continuamos charlando y Manolo me señaló una tía a la que había visto que le metían mano en el coño dos tíos a la vez. Le pregunté si estaba bailando y él me aclaró que estaba en una mesa cercana a la pista de baile, pero que en la pista de baile había visto a una pareja con las manos en la masa. Volvimos a reírnos y yo le dije:

– Lástima que nuestras mujeres hayan venido con pantalón.

Volvimos a reírnos de nuevo.

En esto llegaron Lucía y Luisa y nos preguntaron de qué nos reíamos, le dijimos que nos reíamos porque habían venido con pantalón y como, evidentemente, no lo entendieron, tuvimos que explicárselo. Continuamos charlando, lo estábamos pasando muy bien, mejor que en el pub donde habíamos estado antes, y nos tomamos otra copa y después Lucia o Luisa, no lo recuerdo, propuso volver a bailar.

– No respondo de mis actos. – les dije. Manolo se sumó también y Luisa respondió:

– Si hay una urgencia podemos pasar al privado.

A aquella hora el club estaba en su mejor momento. La calentura se palpaba. Vimos que varias parejas se dirigían hacia el privado.

– Esos ya no aguantan más. – dijo Manolo al verlos.

Comenzamos a bailar con nuestras parejas, pero mi mente estaba en Lucía. Supuse que a todos nos ocurría lo mismo y entonces me acerqué a Manolo y Lucia y sin que fuese necesario decir nada nos cambiamos las parejas.

Lucía pasó sus brazos alrededor de mi cuello y me dijo al oído:

– La próxima vez que salgamos me pondré falda.

Sólo podía tocarle las tetas y lo hice a conciencia. Esta vez no me preocupaba que nos viese alguien y a Lucía parece que tampoco le importaba mucho porque le descubrí el pecho completamente y se lo manoseé cuanto quise. Mi mujer estaba en situación similar. Mi polla estaba a punto de reventar.

– Será mejor que vayamos al privado, no aguanto más. – me dijo Lucía al oído.

Avisamos a Manolo y Luisa y los cuatro nos fuimos al privado.

Dejamos la ropa en las taquillas y entramos en la sala.

Aquello era una bacanal. No sabría decir cuántas parejas estaban follando, ni tenía ánimo para hacerlo pues los gemidos, risas, jadeos, palabras sueltas y ruido del ajetreo que había impedía concentrarse en algo tan sencillo como contar.

Buscamos un lugar libre suficientemente espacioso para los cuatro y nos acomodamos allí. A nuestra derecha había un grupo follando y uno de los tíos estaba sentado, apoyado en la pared y mirando como follaban los demás. Lucía y Luisa se tumbaron encima de la colchoneta y s colocaron en posición de follar, yo me tumbé encima de Lucía y se la metí sin demora. El coño de Lucía estaba muy caliente y jugoso, yo estaba muy, muy excitado. Comencé a follarla y me corrí en menos de dos minutos. Lucía se quedó a dos velas y entonces me dijo que quería chupármela, la saqué y me acerqué para que me la chupase. Empezó a chupármela y al mismo tiempo comenzó a masturbarse. A Manolo no le fue mucho mejor, se corrió poco después que yo. Lucía chupaba mi polla con frenesí y se masturbaba. El tío que estaba sentado a nuestro lado nos miraba con una erección tremenda y no sé en qué momento Lucía le agarró la polla y comenzó a masturbarlo. Unos segundos más tarde el tío se incorporó y Lucia se desentendió de mí y comenzó a chupársela y a continuación el tío se dispuso a follar a Lucía. Agarró las piernas de Lucia por los tobillos y se las puso en alto, separándolas y se la metió. Antes de sentarme en el sitio donde había estado sentado aquel tío que estaba follando a Lucia busqué a Manolo, porque quería saber si estaba al corriente de lo que estaba ocurriendo. Luisa y Manolo estaban sentados mirando también la escena. Yo me senté y durante un rato miré como follaban Lucía y aquel tío. No sé cuantos minutos pasaron hasta que Lucía comenzó a gemir con fuerza. Volví a mirar a Manolo y entonces vi que mi mujer se la estaba chupando a otro tío.

Los gemidos de Lucia me hicieron mirarla durante unos instantes y cuando volví a mirar a Luisa vi que estaba a punto de ser penetrada por el tío al que le estaba chupando la polla. Miré a Manolo y entonces él se levantó y se acercó a donde yo estaba.

– Se lo están pasando mejor que nosotros. – me dijo mientras se sentaba a mi lado. Miramos como follaban a nuestras mujeres aquellos dos desconocidos y cuando terminaron de follar nos fuimos.

Esta fue nuestra primera experiencia swinger.

Visita a un club swinger

Fecha: 04/02/2012 Monday, 23-Apr-2012 09:11:09 CEST

Vimos en televisión, un reportaje sobre los clubes liberales y al terminar el reportaje mi marido dijo:

– Podríamos ir.

– ¡Estás loco! – le respondí.

– No me digas que no te apetece hacerlo con otro.

– No. -le mentí. Él insistió:

– No me lo creo.

No sé mentir y me reí.

– Tendría que ser con alguien que me gustase.

– ¡Claro!

La conversación terminó ahí, pero, cuando nos acostamos y empezamos con los juegos previos a hacer el amor, me dijo:

– ¿Cómo tendría que ser el hombre para que te acostases con él?

– Alto, guapo, fuerte,… – le dije siguiéndole la corriente en tono de broma.

– Y con un pollón. – añadió él.

– Pues mira, no estaría mal. – le dije yo riéndome.

Cuando empezamos a hacer el amor me dijo:

– Imagínate que soy ese hombre.

Empezó a moverse, cerré los ojos y, sin pretenderlo, no pude evitar pensar que estaba haciéndolo con otro hombre. Todo me parecía distinto a otras veces: sus movimientos, su pene… hasta su olor me parecía distinto.

Cuando terminamos me preguntó:

– ¿Te ha follado bien?

– Sí. -le respondí.

– ¿Mejor que yo?

– Distinto.

En los días y semanas siguientes, continuamos con aquella fantasía, ampliándola: yo era otra mujer y él otro hombre. El juego funcionaba, pues tanto él como yo lo hacíamos distinto a como solíamos hacerlo habitualmente. Cuando terminábamos, recuperábamos nuestra personalidad y nos preguntábamos si nuestro partenaire nos había follado bien. Las respuestas eran parte del juego, yo le decía: "Sí, me folló como un salvaje" o "Sí, casi grito de placer" y él solía decirme: "Sí, el coño le ardía" o "Sí, tenías que ver cómo se movía".

Una noche, después de hacer el amor, volvió a proponerme ir a un club liberal. Le dije que no, pero él insistió hasta que consiguió que yo aceptase ir "sólo para ver el ambiente".

Verano

Fecha: 28/02/2010 Thursday, 03-Feb-2011 17:24:10 CET

Casi todas las noches íbamos a un pub inglés.

Aquella noche estábamos en la barra porque teníamos pensado ir a bailar. Charlaba con mi mujer cuando vi entrar a una pareja que me llamó la atención. Ella caminaba delante, llevaba un vestido corto de tirantes y enseguida advertí que no llevaba sujetador. Él llevaba unos pantalones vaqueros y un polo. Hacían muy buena pareja. Tendrían nuestra edad, entre 30 y 35 años y los dos eran muy atractivos.

El pub estaba bastante lleno y ellos se pusieron detrás de nosotros y él se acercó a la barra con intención de pedir las bebidas. El camarero no les atendía, y yo, que les había oído hablar en español, les pregunté:

– ¿Qué queréis tomar?

Hice el pedido por ellos y comenzamos a charlar.

Cuando el camarero trajo las bebidas nos presentamos. Ellos eran de Madrid.

Al decirles que era informático, Pilar dijo:

– José Luis está siempre conectado a Internet.

– ¡Dios sabrá lo que estará mirando! – le dije con picardía.

– Eso, eso. – respondió ella riéndose.

– Me gusta mucho parejas.net, ¿la conoces? – dijo José Luis.

– Claro, nosotros pusimos un anuncio hace tiempo. – le respondí.

– ¿Y cómo os fue? – preguntó José Luis.

– Bastante bien. En Barcelona hay mucho ambiente swinger. Conocimos a dos parejas muy majas. – respondió mi mujer.

– ¿Y a vosotros cómo os ha ido? – preguntó Anna a Pilar.

– Nosotros no tenemos anuncio. Pilar no está decidida. – respondió José Luis.

– A mí también me costó decidirme. – dijo Anna.

– Pues a ver si la convences, yo soy incapaz. – dijo José Luis.

– Los hombres nunca nos comprenderéis. – dijo Anna.

Hablamos de muchas cosas y cuando acabamos la segunda ronda de bebidas, les dije:

– Nosotros vamos a la discoteca, ¿os apetece venir?

– José Luis no querrá. – dijo Pilar apenada.

– ¿Y tú? – le pregunté.

– Yo sí, además bailo muy bien. – respondió ella muy segura de sí misma.

No costó demasiado convencer a José Luis. Salimos del pub y nos dirigimos a la discoteca.

En la discoteca lo pasamos muy bien. Efectivamente Pilar bailaba muy bien. Bailábamos los cuatro juntos pero casi siempre con las parejas cambiadas. Anna provocaba a José Luis, moviendo su culo delante de él y él no se cortaba en absoluto y la agarraba por las caderas y se arrimaba a ella. Pilar no se quedaba atrás y hacía lo mismo.

– Me tienen loco tu culo y tus tetas. – le dije al oído en una ocasión, excitado por los movimientos de su pecho y de su culo.

A medida que pasaba el tiempo la temperatura era más elevada y en otra ocasión me acerqué a ella por detrás, la agarré por las caderas, arrimé mi paquete a su culo y le dije:

– Me encantaría follar contigo.

Ella se reía a cada insinuación mía y seguía bailando sin decir nada.

En la última ocasión que regresábamos a la mesa, al pasar por una zona de aglomeración, le toqué el culo a Pilar y ella, sin darse la vuelta, me tocó el paquete.

Cuando nos sentamos les dije:

– ¿Qué os parece si nos los montamos en el apartamento?

Hubo un momento de silencio.

– Vamos. – les dije y nos levantamos los cuatro.

Salimos de la discoteca a las tres de la madrugada y llegamos al apartamento a las tres y cuarto. Cuando entramos en el apartamento les dije:

– La primera vez es mejor hacerlo en habitaciones separadas, así no os cortaréis.

Ellos no dijeron nada.

– Pasad vosotros a la habitación. – le dije a Anna y ésta agarró a José Luis de la mano y se lo llevó a la habitación.

Cerré la puerta que separaba el salón de la zona de dormir y me acerqué a Pilar. Nos besamos con pasión. El vestido cayó al suelo poco después y, con la única luz que entraba por la ventana, admiré su cuerpo, mientras ella me desnudaba.

Mis manos recorrían su cuerpo mientras ella se ‘peleaba’ con los botones y el cinturón. Metí la mano debajo de sus bragas y encontré un sexo mojado. Le bajé las bragas y ella hizo que cayesen al suelo, mientras resfregaba su pecho contra el mío.

Los pantalones los tenía en las rodillas. Acabé de desnudarme. Ella me observaba, como yo la había observado a ella antes. La acerqué al sofá y ella se tumbó. Me puse entre sus piernas y le comí el coño, mientras mis dedos entraban y salían de su raja. Ella gemía y suspiraba con mis caricias, hasta que agarró mi cabeza con sus manos y la apretó con fuerza sobre su coño y se retorció cerrando las piernas sobre mi cabeza. Cuando abrió las piernas, me puse encima de ella, mi polla entró con suavidad en su coño y comencé a moverme clavando mi polla con fuerza en su coño. No fueron muchas las embestidas que le di pero con las últimas embestidas ella volvió a correrse.

Fue un polvo estupendo.

Me salí de Pilar cuando Anna y José Luis entraron en el salón.

– ¿Cómo te ha ido? – preguntó mi mujer a Pilar.

– Muy bien, ¿y a ti? – preguntó ella.

– Fenomenal. Tu marido está muy bien dotado.

Miré la polla de José Luis y efectivamente era muy grande.

– El tamaño no importa. – dije y todos nos reímos.

– No te preocupes, lo has hecho muy bien. – me dijo Pilar consolándome.

Anna recogió nuestra ropa que estaba en el suelo y Pilar quiso vestirse pero Anna le dijo:

– No te vistas. La primera vez, siempre repiten.

Nos sentamos y charlamos mientras bebíamos unas coca-colas. Salimos a la terraza, desnudos, y observamos el mar. José Luis se puso detrás de Anna y la abrazó, poniendo sus manos en las tetas.

– ¡Ya estás preparado? – dijo Anna sorprendida.

– ¿Os parece bien hacerlo los cuatro en la cama? – propuso Anna.

– ¿No estaremos incómodos? – dijo Pilar.

– ¡Qué va! – respondió Anna con mucha seguridad y diez minutos después estábamos los cuatro en la cama.

La polla de José Luis empalmada era enorme.

– ¡Menudo pollón tienes! – le dije mientras Anna se la chupaba a él y Pilar me la chupaba a mí.

Anna se tumbó en la cama y ofreció su coño a José Luis. José Luis apuntó su polla en la raja de Anna y se la clavó. José Luis follaba lentamente y mi mujer gemía dulcemente en cada envite. Puse a Pilar a cuatro patas y se la clavé en el coño. Comencé a follarla lentamente y acabé follándola con embestidas fuertes y veloces. Anna y José Luis se corrieron antes que nosotros. Yo follaba a Pilar con fuerza y ella gemía y sollozaba de placer, entonces Anna comenzó a acariciar a Pilar y acabaron besándose. Me corrí poco después.

Hicimos tres intercambios más con Pilar y José Luis.

Vacaciones

Fecha: 17/03/2011 Sunday, 05-Jun-2011 06:37:56 CEST

Este año estuvimos una semana en un apartamento de una urbanización naturista de Vera Playa en Almería, con nuestros amigos Loli y Paco. Paco y yo nos hicimos amigos porque Loli y Rosa, eran amigas del trabajo y comenzamos a salir juntos. Somos dos parejas muy similares en todo y eso ayuda a que nos llevemos muy bien. Organizamos las vacaciones una noche que salimos juntos. Fui yo quien lo propuse y a Paco le pareció estupendo. Loli dijo que una prima suya que trabajaba en una agencia de viajes, le había hablado muy bien de las ofertas de una de las urbanizaciones y quedó en encargarse de informarse de los precios. Total, que contratamos una semana en la primera semana de Julio.

El primer día los cuatro estábamos algo cortados. En el apartamento utilizábamos el bañador y en la playa nos lo quitábamos. Paco miraba a mi mujer, yo a la suya y ellas igual. Lo más llamativo para mí fue el pollón de Paco. Se lo comenté a Rosa por la noche, y ella me dijo que sabía que Paco estaba muy dotado porque se lo había dicho Loli.

– También me ha dicho que se corre enseguida. – me dijo mi mujer, supongo que para animarme.

El segundo día ya se nos había olvidado que estábamos desnudos y actuábamos como si estuviésemos en una playa normal. Ellas todo el día tomando el sol y nosotros leyendo el periódico y hablando de fútbol. Ese día ocurrió una cosa graciosa: Loli se estaba extendiendo crema por la cara interna de los muslos y su mano pasaba cerca de sexo, entonces le dije:

– Loli, ¿quieres que te la extienda yo?

– Ya me imagino que te gustaría, pero no quiero ponerte en un apuro. – dijo ella riéndose y nos reímos todos.

Poco después Paco y yo fuimos a bañarnos y aproveché para disculparme.

– Paco, disculpa por la broma de antes, si te ha molestado.

– No me ha molestado, has estado muy gracioso y oportuno. Yo también miró a Rosa, me encanta su coño.

– Están buenísimas las dos. – le dije.

– Desde luego. – respondió él.

Nos bañamos durante un buen rato y cuando regresamos Rosa, que se estaban echando crema, le dijo a Paco, que estaba a su lado:

– Échame crema por la espalda. ¡No organizarás un espectáculo?

– ¡Qué va! La traemos encogida, el agua está helada. – respondió Paco con acierto.

Rosa se tumbó de espalda.

– ¡Venga Luis, échamela tu a mí! – dijo Loli.

Paco, hincado de rodillas, ya estaba extendiendo la crema por la espalda de Rosa y yo comencé a hacerlo.

– ¿Te echo crema por el culo? – preguntó Paco.

– Si te atreves, sí. – respondió Rosa riéndose.

– Sin problemas. – dijo Paco, comenzando a manosear el culo de Rosa.

Yo no pregunté y unté la crema por el culo y los muslos de Loli.

Paco acabó su tarea y entonces Rosa se incorporó y dijo mirándole la polla.

– Veamos si has superado la prueba.

Unas risitas demostraron que Paco no había superado la prueba. Yo había procurado no fijarme en lo que hacía y pensar en otra cosa, pero a pesar de ello se me levantó ligeramente, especialmente cuando vi los labios del coño. Loli hizo lo mismo:

– ¿Y tú? – dijo mirándomela.

-¡Lo que ha crecido! – dijo Loli riéndose.

Entre risas nos explicaron que había sido una broma que había preparado mientras nos bañábamos.

Unas horas después Rosa y Loli propusieron darnos un baño y los cuatro caminamos hasta el agua. Paco y yo nos metimos rápidamente en el agua pero ellas entraban lentamente en el agua. Cuando el agua les llegaba casi al coño, comencé a echarles agua y Paco me secundó y ellas se defendieron echándonos agua también. Después nadamos juntos un rato y en un momento de descanso dije, dirigiéndome a las mujeres:

– ¿Os atrevéis a echar un polvo en el agua?

– Para follar la cama. – dijo mi mujer.

– Para follar cualquier sitio es bueno. – dijo Paco.

– Aquí no puede salir bien. – dijo Loli.

– Y corremos el riesgo de ahogarnos, si perdemos el conocimiento. – dijo mi mujer riéndose.

Seguimos bromeando y regresamos a las toallas, allí decidimos salir después de cenar a tomar una copa y a bailar.

Después de cenar y de arreglamos salimos del apartamento y nos dirigimos a la discoteca del hotel.

En la discoteca lo pasamos muy bien. No había mucha gente y pudimos sentarnos y bailar cómodamente. Hubo situaciones picantes y conversaciones calientes. Una de ellas fue cuando yo intentaba mirar las bragas de Loli, pues llevaba una falda muy corta. Ella se dio cuenta y me dijo:

– Luis, pero si me has visto desnuda en la playa!

– No es lo mismo, aquí tiene mucho más morbo. Aquí, si te viese el coño me correría y en la playa no. – le dije.

Mientras bailábamos también hubo escenas picantes. Ellas nos provocaban con sus movimientos y arrimando sus cuerpos a los nuestros. Al principio procuré mantener la compostura pero después le dije a Paco que le iba a tocar el culo a su mujer y que él hiciese lo que pudiese con la mía.

– Yo ya le he tocado el culo a la tuya. – me respondió.

Salimos de la discoteca a las tres de la mañana, bastante bebidos y muy calientes. De camino al apartamento le dije a Paco:

– Ahora, dos polvos.

– ¿Con la misma? – preguntó Paco.

– No seríais capaces ni cambiando de mujer. – dijo Loli.

– Cambiando sí. – respondió Paco.

– Ellas son las que van de farol. No se atreverían a hacerlo. – le dije a Paco.

– ¿Tu qué dices Loli? – preguntó Rosa.

– Que con lo que han bebido les costará echar el primero. – respondió Loli.

– Paco y yo nos comprometemos a echaros un polvo a cada una en un intervalo de una hora. – les dije.

Ellas se rieron y Loli dijo:

– ¿Y si perdéis que ganamos nosotras?

– Si cualquiera de los dos pierde seremos vuestros esclavos el resto de la semana. – les dije.

– ¿Qué dices Rosa? – preguntó Loli.

– Que ganamos nosotras, seguro. – respondió mi mujer.

Cuando llegamos al apartamento ya habíamos acordado cómo haríamos. Primero follaríamos cada uno con nuestra pareja, en su habitación, después, la primera pareja que acabase esperaría a la segunda en el salón y cuando esta llegase, se intercambiarían las parejas. El reloj comenzaría a correr desde el momento que llegásemos al apartamento.

En el primer polvo no tardé más de diez minutos, pero Paco me ganó, pues cuando llegué al salón él y Loli ya estaban allí, tomándose una coca-cola.

– Recuperando fuerzas, ¿no? – le dije a Paco.

– No te quedarás dormido! – dijo Rosa.

– No temas. – dijo él muy seguro de sí mismo.

Le di un trago a su coca-cola y la acabé, después cada uno se metió en la habitación.

Primera visita a un club swinger

Fecha: 18/03/2012 Saturday, 01-Sep-2012 10:00:40 CEST

Las negociaciones fueron largas, varios meses, pero conseguí convencer a mi mujer para visitar un club swinger.

Primero conseguí que aceptase la realidad: que después de 10 años de casados, nuestras relaciones sexuales se habían hecho monótonas y que ya no disfrutábamos como antes, después conseguí que reconociese que ella tenía fantasías sexuales con otros hombres y por último conseguí que reconociese que le gustaría llevarlas a la realidad. Ella decía que era casi imposible, porque vivíamos en un pueblo pequeño, y entonces le hablé de los clubes swingers. Ella no sabía de su existencia y tuve que explicarle el funcionamiento, que yo conocía por haberlo visto en Internet.

Noté que no le desagradó la idea, aunque dijo que no la primera vez, pero la siguiente vez que hablamos del tema aceptó, aunque dijo que si no le gustaba el ambiente nos iríamos en seguida. Acepté la condición y juntos preparamos el viaje. Sería en Madrid, en el puente del Pilar, y la idea original era ir al club el día 12 y dedicar los otros días a compras y visitas a los lugares típicos de Madrid.

Llegamos a Madrid a mediodía y después de registrarnos en el hotel salimos a comer y deambulando por las calles en busca de un sitio para comer, vimos el letrero del local al que iríamos por la noche, pues habíamos reservado un hotel que recomendaban en la página web del local. Comimos en un burger y regresamos al hotel porque queríamos echar un polvo. Follamos. Noté que Rosa estaba más excitada que de costumbre pero no le dije nada. Dormimos hasta las cinco de la tarde y después fuimos al cine y paseamos por aquellas calles que conocíamos de verlas en la tele, mirando los escaparates, cenamos y regresamos al hotel para arreglarnos para la noche.

Cuando terminé de arreglarme me tumbé en la cama mirando la tele, mientras esperaba que Rosa terminase de arreglarse. La vi salir desnuda del cuarto de baño y vestirse en la habitación, después volvió a entrar en el cuarto de baño para pintarse. Cuando salió del cuarto de baño quedé impresionado, pues estaba muy guapa y sexy. Se lo dije:

– Estás muy guapa y sexy, por dentro y por fuera.

– Es que no quiero causar mala impresión. – respondió ella con una sonrisa pícara.

Salimos del hotel y caminamos hasta el club. Nos recibió una mujer de unos cuarenta años que nos advirtió que el local era un club swinger y como le dijimos que lo sabíamos, nos franqueó la entrada y nos preguntó si habíamos estado antes en algún club swinger y como le dijimos que no, ella comenzó a explicarnos el funcionamiento. Le dijimos que sólo queríamos tomar una copa y mirar el ambiente y entonces nos dijo que nos pusiésemos una pulsera que nos dio de color amarillo y nos advirtió que si cambiábamos de opinión y queríamos conocer a alguna pareja se lo dijésemos.

Como no había mucha gente, pues era temprano todavía, la mujer nos enseñó con bastante detenimiento las instalaciones. Comenzó por las salas para tomar las copas, algunas salas estaban más a la vista del público que otras, para los distintos gustos del público, como nos explicó la mujer, después nos enseñó la zona de baile, también con dos ambientes de oscuridad, uno que apenas se veía y otro donde no se veía nada. A continuación nos llevó a un pasillo, junto a los servicios, con agujeros en la pared, dijo que era el pasillo francés y nos dijo que lo habían inaugurado recientemente a petición de los clientes. Nos dijo que cuando alguien entraba en el pasillo se encendía una luz que indicaba la presencia de alguien en el interior del pasillo y entonces, los hombres podían acercarse, por la parte exterior y meter su pene en el agujero para que la persona que estuviese dentro los masturbase, les hiciese una felación o incluso follar, nos dijo con gran sorpresa para nosotros. Después nos llevó a la zona donde podíamos finalizar la noche. Nos enseñó los vestuarios, el jacuzzi y la sauna, y a continuación nos llevó a la mazmorra, una sala para los amantes de las ataduras y los azotes en el culo y finalizó enseñándonos la sala para follar. Una sala con muchos colchones en el suelo, donde podéis follar solos o en compañía de otras parejas, mirar y ser vistos.

Regresamos a la planta baja, y la mujer nos adjudicó una mesa desde la que, según dijo, podíamos ver casi todo el local, sin apenas ser vistos por nadie. Ella misma nos tomó nota de lo que queríamos tomar y al rato, un camarero, llegó con las bebidas. Le dimos un trago bastante largo a la bebida y le pregunté a Rosa si estaba nerviosa.

– Más bien estoy sorprendida. No podía imaginar que existiesen estos locales ni que fuesen así.

Lo que más le había sorprendido a Rosa era el pasillo francés y la mazmorra.

Desde la mesa en la que estábamos veíamos pasar a las parejas que iban llegando y en algún caso hacíamos comentarios y nos reíamos pues había parejas muy llamativas negativamente. Una hora más tarde el local estaba casi al completo y nuestras bebidas estaban agotadas. Me acerqué a la barra para pedir unas nuevas consumiciones y regresé a la mesa. En cuanto llegué Rosa me dijo que en la pista de baile había dos parejas metiéndose mano descaradamente.

– Supongo que eso será normal, aquí. – le dije.

– Pero es que tienen la falda en la cintura. – respondió Rosa, riéndose.

Aquello era todo un espectáculo para nosotros y la música era muy agradable. Rosa reconoció que aunque sólo fuese para mirar merecía la pena visitar un club swinger, aunque no se lo pudiésemos contar a nadie.

Rosa no dejaba de mirar todo lo que se movía, especialmente la pista de baile y entonces comenzó a sonar Je t’aime mai non plus y Rosa, no sé si animada por la bebida, la música o la excitación por lo que estábamos viendo, quiso que saliésemos a bailar. Le dimos un trago largo a la bebida y salimos decididos a la pista.

Llegamos a la zona de baile, nos situamos en un extremo, alejados de las tres parejas que había en aquel momento en la pista y comenzamos a bailar, todo lo arrimado que pudimos. Después de unos minutos, cuando ya estábamos absortos con el baile y la música, una de las parejas con la que Rosa se había escandalizado porque la chica tenía la falda en la cintura, nos rozó y nos pidió disculpas. Le dijimos que no tenía importancia y seguimos bailando. Ellos estaban muy cerca y me fijé en la pareja, tendrían treinta y tantos años, ella estaba bien buena, y tenía un culo estupendo, que él le tocaba a dos manos sin importarle que yo le viese hacerlo, o tal vez, le gustase que lo viese cómo le tocaba el culo a su mujer. Volvimos a chocar un par de veces y la última vez el chico, después de pedir disculpas, dijo:

– Será mejor que nos presentemos, mi mujer se llama Carmen y yo Vicente.

– Nosotros, Rosa e Ismael. – le dije yo.

Estrechamos nuestras manos y seguimos bailando. Un rato después Vicente se acercó y nos preguntó si era la primera vez que veníamos, le dijimos que sí y él se ofreció a explicarnos lo que quisiéramos o enseñarnos el local, le dimos las gracias y le dijimos que ya nos lo habían enseñado y entonces nos dijeron que aunque habían visto por la pulsera que llevábamos, que estábamos de visita, se ofrecieron a acompañarnos un rato sin ningún compromiso por nuestra parte.

Rosa y yo nos miramos, parecían una pareja agradable y educada, y sin necesidad de preguntarnos nada aceptamos el ofrecimiento. Dejamos de bailar y ellos nos acompañaron a nuestra mesa. Eran una pareja con mucha clase y con pasta, pero supieron hacer que no nos sintiésemos acobardados ante ellos. Nos contaron su primera vez en un club swinger, había sido en Palma de Mallorca con una pareja alemana, y nos dijeron que aunque no sabían ni una palabra de alemán se habían entendido perfectamente.

Carmen y Rosa hicieron muy buenas migas y pronto estaban hablando entre ellas y nosotros por nuestra cuenta.

Después de un buen rato de charla Carmen propuso salir a bailar otra vez. Cuando llegamos a la pista, Vicente propuso bailar con las parejas cambiadas y antes de que pudiésemos responder Carmen ya se había abrazado a mí.

– Ahora puedes tocar lo que tanto te gusta mirar. – me dijo Carmen al oído. Se refería a las miradas que le había dirigido a sus piernas y tetas y que creía no se había dado cuenta. Carmen se había arrimado tanto a mí que sentía en mi cuerpo todo su cuerpo, mi polla, en un segundo se puso dura como una piedra.

– Qué dura. – me dijo Carmen al oído.

– Es que estás muy buena. – le respondí, sin cortarme en absoluto.

Busqué a Rosa y Vicente y apenas conseguí distinguirlos pues se habían acercado a la zona más oscura de la pista de baile. Me fijé en una pareja que estaba más cerca, él tío le estaba comiendo las tetas a la tía, y en otra que el tío le tenía una mano entre las piernas a la tía. Yo me limitaba a tocarle el culo a Carmen por encima de la falda y ella restregaba su cuerpo con delicadeza contra el mío. Pronto me pareció poco lo que estaba haciendo y me animé a subirle la falda y tocarle el culo sobre la piel y ella mordió mi oreja suavemente. Más tarde conseguí desabrocharle un botón de la camisa, bajarle el tirante del sujetador y darle un chupetón a una de las tetas.

Bailamos hasta que Rosa y Vicente nos avisaron de que ellos regresaban a la mesa y Carmen prefirió hacer lo mismo.

El tiempo se había pasado volando, ya era más de la una de la madrugada. Vicente dijo que la hora bruja era entre las tres y las cuatro. Carmen le preguntó a Rosa qué era lo que más nos había llamado la atención del club y le dijo que el pasillo francés y la mazmorra, porque no sabía ni que existiesen tales cosas. Entonces Vicente me preguntó:

– ¿Es que nunca has follado a tu mujer atándola a la cama o tapándole los ojos?

– No. – le dije.

– Pues tenéis que probarlo, es fantástico. – dijo él y Carmen se lo corroboró a Rosa, dándole más detalles.

– Lo probaremos. – respondió Rosa que ya mostraba síntomas de excitación y desinhibición.

Seguimos charlando de sexo en tono divertido y Rosa dijo que necesitaba ir al baño, Vicente se ofreció a acompañarla porque él también lo necesitaba y le dijo a Carmen que se encargase de pedir nuevas bebidas para cuando regresasen. Se levantaron los dos y se fueron.

Carmen se sentó a mi lado, sentándose sobre una de sus piernas de forma que, a pesar de que no había mucha luz, le podía ver las bragas. Yo miré sus bragas con descaro y ella me dijo poniendo su mano sobre mi muslo:

– ¿No te atreves?

Le dije que sí y pasé a la acción, metí mi mano entre sus piernas y llegué hasta las bragas, pronto mi dedos estaban jugueteando con su raja. Estaba intranquilo pues temía que Rosa y Vicente regresasen y nos pillasen en aquella situación, y miraba de vez en cuando el lugar por donde se habían ido.

– Tardarán un rato en regresar. – me dijo Carmen con mucha seguridad y ante mi cara de incredulidad añadió:

– Seguramente Vicente y Rosa estarán follando en los servicios.

Continué metiéndole mano en el coño, ella puso la mano en mi paquete, lo tocó repetidamente y bajó la cremallera de la bragueta, su mano entró dentro y buscó mi polla. Yo estaba sorprendido y no sabía qué hacer:

– Tranquilo, nadie se escandalizará. – dijo ella sacando mi polla con dificultad y a continuación, sin más, se agachó y comenzó a hacerme una mamada. Me corrí en menos de un minuto. Se retiró y se limpió con un pañuelo de papel que sacó del bolso y yo recogí mis bártulos.

– ¿Te ha gustado? – me preguntó.

– Sí, claro. – le dije.

– Vamos a la barra a pedir las bebidas, ellos llegarán pronto.

Acompañé a Carmen hasta la barra para pedir las bebidas y al poco de regresar llegaron Rosa y Vicente.

Creo que no notaron nada extraño pues Carmen y yo actuamos con mucha naturalidad. Ellos estaban muy divertidos y desinhibidos, en especial Rosa. Charlamos un rato, de cuestiones más personales, de dónde éramos, cuándo nos íbamos, a qué nos dedicábamos y cosas de esas, sin entrar en nada más profundo, hasta que Vicente propuso salir a bailar otra vez, diciéndonos esto:

– ¿Qué os parece si salimos a bailar y mientras decidís si vamos a la planta superior?

Nos levantamos los cuatro y nos dirigimos a la pista de baile. Comenzamos a bailar cada uno con su pareja. Le pregunté a Rosa si quería hacer el intercambio y me respondió:

– Lo que tú quieras.

Le dije que ella era la que tenía dudas y entonces me respondió:

– Será mejor hacerlo porque si no volverás a pedírmelo otra vez.

Carmen e Ismael se acercaron un poco después y nos preguntaron sin habíamos decidido algo ya. Les dijimos que sí, que subiríamos. Vicente cambió su mujer por la mía y dijo:

– Ahora subiremos, antes vamos a calentar motores un rato.

Comenzó a bailar con Rosa y yo con Carmen. Éramos los únicos en la pista de baile y dos o tres hombres que estaban en la barra miraban por la celosía. Vi que Vicente le había subido la falda a Rosa y que tenía sus manos en el culo y preferí no seguir mirando y hacer lo mismo con Carmen.

Carmen tenía unas tetas estupendas, no tardé en dejar una teta al descubierto y darle un par de chupetones, después metí mi mano dentro de su braga y al tocarle el coño me dijo:

– Estoy muy caliente. Hoy me tiraría a tres tíos. – me dijo al oído al darse cuenta de lo mojado que estaba su coño.

– ¿Alguna vez te has tirado a tres tíos? – le pregunté.

– Sí. – respondió.

No quise preguntarle más y seguí metiéndole mano mientras ella se apretaba contra mi cuerpo.

-Será mejor que subamos ya. – dijo ella separándose y avisando a su marido de que quería subir ya.

Subimos, Carmen y Rosa se desnudaron con total naturalidad, Vicente también, yo me retrasé lo que pude porque me daba algo de corte, que me viesen con una erección de campeonato y fui el último en quedar completamente desnudo. Cuando estaba terminando de desnudarme llegó una pareja con otro chico.

Pasamos a la sala de los colchones, había un grupo numeroso follando al fondo de la sala, el espectáculo era tremendo, aquello parecía una película porno. Carmen le preguntó a Rosa qué lugar prefería y ella eligió el lugar donde estábamos. Carmen se tumbó en el colchón y se acomodó, Rosa hizo lo mismo casi al mismo tiempo, vi que Vicente se situaba entre las piernas de mi mujer y que se la clavaba y que ella lo abrazaba. Yo hice lo mismo con Carmen, se la metí con fuerza y mi polla entró hasta el fondo. La mujer y los dos hombres que habían llegado cuando nosotros terminábamos de desnudarnos, se pusieron a nuestro lado, dejando una colchoneta en medio libre.

Comencé a follar y le eché un polvo salvaje y bastante largo, a Carmen y ella disfrutó muchísimo o al menos eso me pareció a mí, por los suspiros y gemidos que le oí mientras follaba. Cuando terminé de follar me retiré y me quedé de rodillas mirando lo que ocurría en la sala. El trío que estaba a nuestro lado había comenzado ya y mientras ella se la chupaba a uno, el otro le comía el coño a ella. El grupo que habíamos visto al entrar ya había terminado y descansaban unos sentados y otros tumbados sobre las colchonetas mirando lo que ocurría en nuestro sector, Rosa y Vicente seguían follando. Rosa estaba disfrutando muchísimo, Vicente la follaba con fuerza, Rosa sujetaba sus rodillas con las manos y Vicente apoyándose sobre sus manos la follaba con fuerza mientras le decía burradas que parecía le gustaban a mi mujer porque asentía a todo lo que le decía. Me entretuve mirando a mi mujer follar con Vicente, y cuando me acordé de Carmen y la miré vi que estaba chupándosela a uno de los tíos del trío. No podía creer lo que veía. Aquél tío puso a Carmen a cuatro patas y comenzó a follarla. Yo miraba la escena excitado pero mi polla apenas podía levantarse. Carmen acarició mi polla y huevos y poco después comenzó a chupármela y mi polla no tardó en ponerse dura.

Cuando aquel tío se corrió me dijo, señalando a la mujer que estaba su lado que ya había terminado de follar con el otro tío:

– ¿Quieres follarte a mi mujer? Es muy puta y le gusta que la follen.

Miré a Vicente, estaban terminando, Rosa gemía y se retorcía de placer y Vicente resoplaba, llevaban follando casi media hora. El hombre insistió en que me follase a su mujer. Me acerqué a ella y se la metí hasta el fondo. Nunca había follado un coño follado, mi polla entró como si aquel coño tuviese grasa, comencé a follarla lentamente pero con fuerza y aquello pareció gustarle y me dijo:

– Sigue así hasta el final.

Tardé en correrme mucho tiempo, pues Carmen me había dejado seco, y aquella mujer que no conocía de nada se lo pasó muy bien conmigo. Su marido, viéndonos follar me decía, ves como es una puta, dale más fuerte, así, así y cosas por el estilo.

Cuando terminé de follar todos nos miraban.

Nos vestimos y bajamos al bar, donde Vicente nos invitó a una nueva consumición, pues todos estábamos sedientos. Nos pidieron el teléfono pues nos dijeron que tenían pensado hacer un viaje por Asturias y que nos llamarían.

Salimos juntos del local, se ofrecieron a llevarnos al hotel pero le dijimos que no era necesario que estaba muy cerca. Nos despedimos de ellos, pensando que no los volveríamos a ver.

Llegamos al hotel pasadas las seis de la mañana, nos duchamos, nos acostamos y dormimos hasta después del mediodía.

Salimos a comer, regresamos al hotel, follamos y dormimos hasta las seis. Salimos de compras y cuando estábamos en El Corte Inglés sonó el teléfono. Era Vicente. Me preguntó si ya me había recuperado del esfuerzo del día anterior, y después de bromear un rato me dijo que el sábado iban a organizar una fiesta de sexo y que nos invitaban. Me explicó que eran fiestas privadas, entre amigos, que seríamos cinco o seis parejas, de toda confianza y que lo pasaríamos muy bien.

No sabía qué responder, dije que tenía que hablarlo con Rosa y quedamos en que me llamarían el sábado por la mañana.

Le dije a Rosa lo que me había dicho Vicente y le pregunté si quería ir. Ella no pareció mostrar mucho interés y me hizo muchas preguntas que no supe responder. No volvimos a hablar del tema hasta la noche, ya en el hotel, acostados. No acordamos nada ni resolvimos ninguna de nuestras dudas, pero nos excitamos muchísimo y acabamos echando un polvo fantástico. Después de follar volvimos a hablar de la fiesta y acordamos que le preguntaríamos a Vicente nuestras dudas y que decidiríamos después de hablar con Vicente y Carmen.

Vicente llamó a las once de la mañana, todavía estábamos en la habitación del hotel. Él me preguntó qué habíamos decidido y yo le dije que no habíamos decidido nada todavía que teníamos dudas y le hice un par de preguntas, entonces me dijo que era mejor que nos viésemos y propuso comer juntos. Nos pareció bien y quedamos en que ellos nos recogerían en el hotel a las dos.

– ¿Qué me pongo para la comida? – dijo Rosa.

Salimos de compras y regresamos cerca de la hora a la que habíamos quedado con Vicente y Carmen. Rosa subió a la habitación a cambiarse y yo esperé a Vicente y Carmen en el hall del hotel. Ellos llegaron puntuales, le dije que Rosa estaba terminando de arreglarse y que la esperaríamos en la cafetería del hotel.

Rosa llegó a los pocos minutos. Estaba guapísima y muy sexy. Saludó a Vicente y a Carmen con un par de besos y se sentó con nosotros. Estuvimos muy poco tiempo en la cafetería del hotel porque Vicente había reservado mesa para las dos y media y ya llegaríamos tarde, así que al poco de llegar Rosa nos fuimos.

Vicente y Carmen nos dijeron que iríamos en su coche y nos condujeron hasta un aparcamiento subterráneo cercano al hotel. Rosa y yo quedamos impresionados por el coche de Vicente, era un BMW 740 precioso, yo no pude evitar exclamar ¡qué cochazo! y Vicente dijo que su pasión eran los coches y las mujeres, por ese orden. Carmen, de guasa, me dijo que fuese delante con Vicente, que así podría mirar los botones que tenía el coche.

Durante la comida, que fue muy agradable, no hablamos de la fiesta, fue después, cuando tomábamos café, cuando Vicente nos preguntó si nos apetecía ir a la fiesta. Rosa dijo que tenía dudas, que sólo les conocía a ellos. Carmen le dijo que eran gente muy salada, todos muy atractivos y que si alguien no le gustaba no tendría problema pues nadie se acercaría si notaba rechazo. Vicente nos dijo que teníamos una ocasión única para asistir a una fiesta de sexo, que no era fácil ser invitado y que era una experiencia que no olvidaríamos nunca y que si no lo hacíamos ahora, con nuestra edad, más tarde sería demasiado tarde.

Nos convencieron.

Llegamos media hora antes. Vicente nos presentó a los anfitriones, Pedro y Maribel. Pedro tendría cerca de 50 años, pero estaba muy bien físicamente, Maribel era más joven, probablemente 40 años. Pasamos al salón, hacía muchísimo calor, Pedro nos explicó que había puesto la calefacción alta porque no quería que nos resfriásemos cuando nos quitásemos la ropa. Nos sentamos en los sofás, que ya estaban preparados para la fiesta, cubiertos con unos paños, y hablamos de Asturias hasta que empezaron a llegar los otros invitados.

Todas las parejas eran más o menos de nuestra edad, y entre todas las mujeres destacaban Carmen por su elegancia, Toñi porque llevaba una minifalda de vértigo, pues tenía unas piernas estupendas y Rosa que estaba muy guapa y tenía muy buen tipo. Estuvimos bebiendo y charlando durante casi dos horas, para conocernos y después Pedro dijo:

– Bueno, creo que es el momento de que comencemos la fiesta. Comenzaremos quitándonos la ropa. Pasaremos al salón pequeño donde tenéis perchas para todos. Los hombres nos quitaremos toda la ropa y las mujeres pueden quedarse en bragas o desnudarse completamente, lo que prefieran.

Nadie dijo nada. Pedro nos invitó a salir del salón y nos condujo hasta otra habitación que estaba acondicionada para la ocasión. Nos desnudamos todos sin pudor. Rosa y Carmen fueron las únicas mujeres que no se quitaron las bragas. Me llamó la atención que Toñi y Maribel tenían el sexo depilado, antes sólo lo había visto en las películas porno.

De regreso al salón Pedro nos enseño una habitación con una cama y nos dijo:

– Los que prefieran utilizar la cama, pueden utilizar esta.

Llegamos al salón. Maribel sin cortarse un pelo, dijo, ofreciéndose ostensiblemente:

– ¿Quién quiere ser el primero?

Antonio aceptó el reto.

– Antonio nunca falla. – dijo Maribel.

Pensé que se irían a follar a la cama, pero no fue así. Antonio agarró a Maribel y la acercó a la mesa, retiró unas sillas que les estorbaban, Maribel apoyó su culo en el borde de la mesa, Antonio la tumbó sobre la mesa y comenzó a comerle el coño. Todos mirábamos la escena en silencio, después de comerle el coño durante un buen rato Antonio la folló con fuerza. Yo tenía una erección de primera.

Cuando dejaron libre la mesa, me acerqué a la zona donde estaban las bebidas para tomar una copa y mientras me preparaba la copa vi que Vicente se disponía a follar a Rosa encima de la mesa. Aunque había visto follar a mi mujer en el club, aquello me pareció mucho más fuerte, pues había espectadores. Vicente la folló con movimientos lentos, saboreando cada embestida, y disfrutando de que lo viesen follar. Rosa comenzó a gemir de placer, y la sonrisa de satisfacción de Vicente era patente.

Carmen me agarró de la mano y me sacó del salón llevándome a una habitación y me pidió que le comiese el coño y la masturbase con los dedos hasta que se corriese y que después la follase con fuerza. Se tumbó en la cama con las piernas abiertas y en posición y yo me puse a la faena, ella me indicaba lo que más le gustaba y pronto la puse a punto de caramelo. Se retorció de placer al correrse y entonces se la clavé y la follé. Apenas le di diez o doce embestidas pues me corrí enseguida pero a Carmen le gustaron mucho.

Regresamos al salón y estuvimos viendo un video de una fiesta anterior. El video era mucho mejor que una película porno, pues se veía mucho más real, sobre todo, porque algunas y algunos de los ‘actores’ estaban allí. Pasamos un rato muy divertido, pues hubo muchos comentarios graciosos. Cuando terminó el video unos cuantos nos animamos y organizamos una ‘fiesta’ en los sofás. Yo me tiré a una tía insaciable, que después de follar con uno de los tíos me agarró a mí, me acercó a uno de los sofás, y me pidió que la follase de pie, se apoyó en el respaldo, se puso de espaldas, separó las piernas, y me dijo que se la metiese. Le eché un polvo bestial, dándole unas embestidas tan grandes que la levantaba del suelo, pues ella era bastante menuda y yo peso casi cien kilos. Ella quedó encantada con el polvo, y yo agotado.

Me senté en el sofá. Carmen follaba en la mesa con un tío y la mujer de Pedro morreaba con una tía. Rosa no estaba y supuse que estaría follando con Pedro, pues me había dado cuenta que se la comía con los ojos.

Había pasado bastante tiempo y Rosa seguía sin aparecer, le pregunté a Carmen si la había visto y me dijo que no me preocupase, que lo estaría pasando muy bien con Pedro en el calabozo. No había pensado en esa posibilidad a pesar de que en el video había bastantes escenas de sado suave y le dije a Carmen que no lo creía porque a Rosa no le atraía ese tema y ella me propuso comprobarlo.

Bajamos por unas escaleras al sótano y Carmen me condujo en dirección a una pared de madera, a medida que nos acercábamos comenzó a oírse gemidos y palabras. Identifiqué perfectamente los gemidos de placer de mi mujer. Las palabras que se oían eran guarra, puta, zorra, y frases mucho peores. Carmen me dijo que no pidamos pasar, porque la puerta estaría cerrada por dentro pero que podíamos mirar por un ventanuco pequeño que había para los mirones. Tuvimos que subirnos en un pequeño banco que había allí cerca para poder llegar al ventanuco.

La escena era tremenda: Rosa estaba tumbada sobre una camilla negra, con las piernas levantadas, en posición vertical, atadas al techo, y sus manos atadas a las patas de la camilla, tenía los ojos vendados y uno de los hombres la estaba follando con fuerza. Rosa gemía como una gata en celo a cada embestida y al correrse soltó un grito de placer que todavía recuerdo.

Carmen me dijo que debíamos irnos que hacía mucho frío allí y que ya había visto que Rosa lo estaba pasando muy bien.

Regresamos al salón, el ambiente estaba en calma, charlaban entre ellos mientras tomaban una copa y nosotros nos unimos al grupo. Éramos dos hombres y cuatro mujeres.

– Tu mujer nos ha dejado sin hombres. – me dijo ‘la insaciable’ medio en broma.

– No te quejes que tú te lo has pasado muy bien. – le respondió Carmen, aludiendo a que había follado bastante.

– No me quejo, pero echaría otro polvo, si hubiese alguien dispuesto. – respondió.

– Puede que Ismael esté dispuesto a compensarte. – dijo Carmen que había visto mi erección cuando mirábamos por el ventanuco.

Entonces ‘la insaciable’ miró mi polla, la agarró con autoridad y se acercó. Después de un rato de manoseo, se agachó y comenzó a mamármela, mi polla se puso dura, entonces ella se levantó y me acercó a la mesa, se sentó en ella y ofreció su coño para que la follase. Se la metí, su coño parecía que tenía fuego, la follé durante más de quince minutos y fue un espectáculo porque tuvo un orgasmo muy largo e intenso.

Aquel fue el último polvo de la fiesta. Poco después llegaron los demás y por último Rosa. Eran más de las cuatro de la madrugada cuando nos fuimos y las cinco cuando llegamos al hotel.

Primera vez

Fecha: 14/01/2012 Monday, 23-Apr-2012 13:22:48 CEST

Mi marido me había propuesto varias veces ir a un club de intercambio; yo siempre había rechazado tal posibilidad y alguna vez nos habíamos enfadado por ese motivo. No entraba en mi cabeza la idea de acostarme con otro que no fuese mi marido, y menos con un desconocido en un lugar desconocido, pero aquel verano hicimos un intercambio.

El verano anterior no habíamos estado en la playa pues había dado a luz mi segundo hijo en el mes de julio, así que estábamos deseando que llegase el verano para disfrutar de la playa. Alquilamos una casita en la playa y allá nos fuimos, mis suegros, mi marido, mis dos hijos y yo. Mis suegros no pisaban la playa pero siempre se venían con nosotros de vacaciones, pues querían disfrutar de su hijo y nietos y a nosotros nos venía muy bien, pues así podíamos salir por las noches.

Conocimos a la pareja con la que hicimos el intercambio el primer día de playa. Eran una pareja llamativa, especialmente él, por su elegancia y atractivo. Estaban en las hamacas situadas en la fila de delante de nosotros y recuerdo que no podía evitar mirarlos. Calculé que él tendría 40 años y ella 35, pero, para alguien poco observador, podrían pasar por más jóvenes.

Unos días después los conocimos. Fue nuestro hijo el que provocó que nos presentásemos, estaba jugando con la pelota y se le escapó varias veces hacia el lugar que ocupaban. Unas veces mi marido y otras yo, nos acercábamos a disculparnos y así comenzó todo.

En los días siguientes nos intercambiamos revistas y periódicos y aunque charlamos poco, fue suficiente para darnos cuenta que eran muy educados, discretos y agradables. Él me atraía y yo lo miraba con disimulo. Era evidente que yo también le atraía, pues él también me miraba siempre que tenía ocasión. Un día, ocurrió algo gracioso. Estaba tomando el sol, y tenía el sujetador desabrochado, para que no se quedasen las marcas en la espalda, mi marido estaba nadando y su mujer tampoco estaba, yo tenía los ojos cerrados y de pronto oí que me llamaba mi hijo, mamá, mamá… me levanté sobresaltada, la pelota se le había vuelto a escapar y estaba entre las hamacas de nuestros conocidos. Él parecía dormitar, tumbado boca abajo, yo me acerqué para recoger la pelota y justo cuando me agachaba y tenía las tetas colgando delante de sus narices, él abrió los ojos. Pude percibir su emoción en la mirada. Me disculpé una vez más y él me dijo que no me preocupase.

Regresé a la hamaca entre nerviosa, avergonzada y excitada. Aquella noche, después de hacer el amor con mi marido, tuve mi primera fantasía sexual con él: me imaginaba cómo sería su pene, grande, pequeño, gordo, delgado, feo, bonito,… Sólo había visto, en vivo y en directo, el pene de mi marido y se conoce que mi subconsciente, tenía curiosidad por conocer otros penes.

Al día siguiente charlamos más que otros días, debido a una noticia local sobre restricciones de agua debido a una avería en las tuberías que suministraban agua a la zona. Nosotros era la primera vez que estábamos en aquella zona y desconocíamos los problemas al parecer habituales, de suministro de agua de la zona. A ellos les gustaba jugar con las raquetas y aquel día jugamos varias partidas con ellos. Esto continuó así en los días siguientes, hasta que finalizaron nuestras vacaciones.

Cuando regresábamos a casa, mi marido me dijo:

– Antonio te come con los ojos…

– Tú también comes con los ojos a Loli…

– ¡Tanto se me nota? – respondió mi marido riéndose.

– A los hombres se os nota a dos kilómetros. – le respondí.

Por la noche, mientras lo hacía con mi marido, me imaginé, por primera vez, que lo estaba haciendo con Antonio, y cuando acabamos, seguí fantaseando con Antonio. Estaba muy excitada, en la playa no había dejado de fantasear con Antonio, además, en una de las partidas de raquetas que jugué con Antonio, me dio un raquetazo en el culo, una de las miles de veces que perdí la pelota y cayó en tierra de nadie y los dos nos acercamos a recogerla. En otra ocasión la pelota cayó al agua y Antonio al recogerla se mojó el bañador y éste se pegó a su piel y pude apreciar el bulto de su pene.

Al día siguiente mi marido volvió a decirme que Antonio me comía con los ojos y yo le respondí:

– No me digas que estás celoso, tú que me proponías ir a un club de intercambio de parejas…

– ¿Follarías con él? – me preguntó.

– Noooo. – le dije fingiendo indignación y cortando la conversación.

Unos días después nos invitaron a cenar y aceptamos.

Mientras me arreglaba para la cita, me percaté de mi nerviosismo y excitación. Intuía que ocurriría algo aquella noche y así fue.

Cenamos en un restaurante y después fuimos a bailar a una discoteca. Bebimos bastante y bailamos mucho. Loli provocaba a mi marido con sus movimientos y yo la emulaba con el suyo. Loli y yo nos mirábamos y nos reíamos, supongo que por el alcohol, la excitación y las caras de ellos. Hubo algunos roces intencionados y consentidos. También hablamos de sexo. Loli dijo que el verano era la época mejor para el sexo, y yo estuve de acuerdo con ella. Los hombres dijeron que a ellos les iba bien cualquier estación, incluida la de ferrocarril. Después de reírnos, nos contaron que lo habían hecho una vez en el wc del tren.

– ¡Pero si apenas cabe uno! – dije yo.

– Cualquier sitio es bueno si la necesidad apremia. – respondió Antonio.

Minutos después, Loli y mi marido fueron a la barra por nuevas bebidas y Antonio hizo un intento. Se sentó a mi lado y me dijo al oído:

– Te follaría aquí mismo.

No respondí y entonces él puso su mano en mi muslo y me dijo al oído:

– Déjame tocarte el coño.

Sin pensar lo que hacía, por instinto, separé las piernas y entonces sentí como uno de sus dedos se introducía por el lateral de mis bragas hasta llegar a la raja. Me estremecí e instintivamente, me aparté y cerré las piernas.

– En cualquier momento pueden regresar. – le dije y efectivamente regresaron poco después.

Estaba nerviosa y muy excitada, apenas podía seguir la conversación de Loli. Di un par de sorbos a la bebida que habían traído Loli y mi marido y dije, levantándome:

– Voy al baño.

– Yo te acompaño. – dijo Antonio.

Antonio me señalaba el camino y, en cuanto estuvimos fuera del alcance de las miradas de Loli y mi marido, me agarró de la mano y me condujo con decisión. Antonio abrió una puerta metálica y entramos en un pasillo en el que había cajas apiladas de refrescos y escasa luz, caminamos unos metros, sin mediar palabra y entonces Antonio, me besó durante unos segundos, después sentí su mano entre mis piernas, esta vez le dejé hacer. Yo lo besaba apasionadamente mientras él metía y sacaba sus dedos de mi raja. Poco después sentí que Antonio abría la bragueta y lo besé con más fuerza, y a continuación pasó uno de sus brazos por mi cintura y me levantó del suelo, y ayudándose de la otra mano, apartó las bragas y me la metió. El polvo no duró más de dos o tres minutos, pero me volvió loca.

Regresamos a la mesa pasados unos quince minutos. Loli y mi marido nos esperaban para volver a la pista de baile. Le di un trago largo a mi bebida y salimos a bailar.

Nos recogimos a las tres de la madrugada. Cuando llegamos a casa follé con mi marido y mientras fallábamos recordé el polvo con Antonio. Apenas dormí aquella noche pensando en lo que había sucedido y, sobre todo, en el día siguiente: me aterraba pensar en el encuentro con Antonio. Afortunadamente todo fue más fácil de lo que había pensado y tanto Antonio como yo, actuamos como si nada hubiese ocurrido.

Devolvimos la invitación a Loli y Antonio unos días después. Recuerdo que la noche anterior apenas pude dormir, por el calor y los nervios, y que el día siguiente fue el más caluroso del verano.

– Poneos algo fresquito para esta noche! – dijo mi marido cuando charlábamos, en la playa, preparando la salida de aquella noche.

– ¿Fresquito o cortito? – preguntó Loli.

– Cortito es más fresquito porque circula el aire. – respondió Antonio.

– Y las miradas. – dije yo

Yo me puse una falda corta de volantes y una blusa. Me había puesto sujetador, pero cuando me pintaba los labios me quite el sujetador, porque se me veía por el escote. Mi marido se dio cuenta que no llevaba sujetador cuando estábamos en el coche y se sorprendió porque no solía hacerlo. Le dije que se me veía el sujetador por el escote.

– Pues ahora se te ven las tetas. – me dijo.

– Todavía puedo presumir de tetas. – le dije.

– Desde luego, pero a Antonio se le va a atragantar la comida.

Nos reímos y yo le dije:

– No creo que se atreva a comérmelas.

Volvimos a reírnos.

– ¿Le dejarías? – me preguntó mi marido y yo le respondí, sin pensarlo:

– En el restaurante, no.

Mi marido se rió y dijo:

– Entonces también te lo tirarías.

– ¿Y tú te tirarías a Loli? – le pregunté para evitar la respuesta.

– Desde luego. – me respondió.

Cenamos en el mismo restaurante que la vez anterior, pues nos había gustado mucho. A Antonio no le pasó desapercibido mi escote y dijo:

– Veo que vienes fresquita.

Yo le seguí la broma.

– Espero que no te acalores tú.

– Antonio siempre está acalorado. – terció Loli, riéndose.

Durante la cena hubo varias picardías graciosas, a propósito de mi escote y también de la minifalda que llevaba Loli. Mi marido le decía que se pusiese la servilleta de babero pues, sobre las piernas, le impedía la visión. Loli le respondió:

– Nunca comprenderé a los hombres. ¡En la playa me ves en bikini!

Después fuimos a bailar a una discoteca que sugirió Antonio. Más que discoteca era un pub con una pequeña zona de baile. Nos tomamos la primera copa y salimos a bailar, Loli estaba muy animada y bailaba de forma sexi para Antonio y mi marido y me decía a mí que la imitase. Lo hice. Antonio, de vez en cuando, me agarraba y se rozaba conmigo, al tiempo que me decía cosas al oído. Mi marido no se quedaba atrás con Loli.

Cuando regresamos a la mesa Antonio dijo, en tono más solemne que el habitual:

– Nuestro apartamento está muy cerca de aquí. ¿Qué os parece si continuamos en el apartamento?

Mi marido y yo nos miramos y sin mediar palabra él dijo:

– Sí, será mejor continuar en el apartamento.

Salimos del pub y caminamos casi en silencio hasta un edificio cercano. Cuando entramos en el apartamento Antonio dijo:

– ¿Queréis una copa?

– Yo no quiero tomar nada. – dije.

Entonces Antonio le dijo a mi marido:

– Te cedo la cama, nosotros nos quedaremos en el salón.

Loli y mi marido salieron del salón y Antonio se acercó a mí, me desabrochó un par de botones de la blusa y me chupó una teta, mientras una de sus manos se metía entre mis piernas. En dos minutos estaba desnuda. Comencé a desnudar a Antonio, le quité la camisa y después le desabroché el pantalón y se lo bajé un poco, saqué el pene y lo chupé unas cuantas veces. Antonio me levantó, se acabó de desnudar, me acercó a la mesa, me sentó en ella, me abrió las piernas y me la metió hasta el fondo de una sola estocada. Suspiré al sentirla entrar y me agarré a su cuello y él me dijo:

– Es mejor que apoyes la espalda en la mesa.

Lo hice, Antonio, colocó mis piernas, apoyando los pies en el borde de la mesa y comenzó a follarme con movimientos bruscos y espaciados. Volví a suspirar.

– ¿Te gusta así?

– Siiii. – le dije entre suspiros.

– Voy a follarte hasta que te corras. – me dijo sin dejar de moverse. Pensé que sería una bravata. Cada vez que me la metía, una corriente de placer recorría mi cuerpo y suspiraba. No experimentaba nada nuevo, todo era como otras veces, pero de pronto sentí un calor intenso en la garganta y me faltó el aire, dejé de suspirar y creo que de respirar. Antonio siguió moviéndose al mismo ritmo y con la misma fuerza, me decía cosas, pero no le oía y entonces, mis piernas comenzaron a temblar y después todo mi cuerpo tembló, y mi vagina comenzó a contraerse con fuerza sobre el pene de Antonio. Me retorcí sobre la mesa y creo que grité de placer. Antonio se movía rápidamente y con la misma fuerza, mientras me hablaba, pero yo no le escuchaba. Antonio se paró bruscamente y después me dio cuatro o cinco embestidas más.

Todavía estábamos enganchados cuando salieron Loly y mi marido de la habitación.

– ¡Qué escandalosos sois! – dijo Loli, sonriendo.

A mí me dio vergüenza de que mi marido me pillase en aquella posición y me incorporé rápidamente. Antonio desenvainó su polla y yo me puse de pie, sin saber qué decir. No sabía qué decir.

– Tu marido me ha echado un polvo estupendo. Es un buen semental. – dijo Loli, supongo que para que no me sintiese tan mal.

– Vamos a tomar una copa. Nos vendrá bien. – dijo Antonio.

Yo estaba deseando irme, o mejor, desaparecer, pero no me salían las palabras. Mientras Antonio preparaba las copas, me vestí. Loli se puso uno de esos trajes playeros, sin nada por debajo. Antonio y mi marido continuaban desnudos. Le di un trago largo al cuba libre y me senté en el sofá. Charlamos de los intercambios de parejas y ellos se extrañaron al saber que era nuestro primer intercambio. Mi marido comentó que me lo había propuesto muchas veces pero que yo nunca había dado el paso definitivo, entonces me preguntaron si me había gustado y tuve que responder que me había gustado.

La conversación duró casi una hora y durante ese tiempo me fui recuperando de mi estado avergonzado. Salimos del apartamento de Loli y Antonio pasadas las tres de la madrugada. Durante el regreso a casa no hablamos de lo que había ocurrido y cuando llegamos volvimos a follar.

Repetimos el intercambio con Loli y Antonio, dos veces más.